…porque lo nuestro es pasar…

Blog sin objetivo alguno destinado a ser leído en ratos muertos por nómadas y exiliados de vocación que no saben "quoi faire dans la vie".

miércoles, 15 de diciembre de 2010

IGUAÇU: A UN PASO DE LUSOFOLANDIA

A pesar de los peligros que entrañaba ir a las cataratas de Iguaçu (narcoturistas israelís, hordas de turistas en viaje organizado e incursiones lusófonas), decidí arriesgarme. Lo que no me esperaba era encontrarme con la celebración de una misa en plena terminal de buses.

Al llegar intenté alojarme en Residencial Lola: parece ser la hermana de Irene aún no se ha repuesto de su estancia con Lola. Por desgracia, no le quedaban habitaciones y me perdí la experiencia de convivir con la tal Lola. Pocas palabras intercambié con ella, pero la cosa prometía, qué pena. En fin, me tuve que conformar con otro hostel con hamaca y piscina.

Me dirigí a las cataratas con una kiwi que compartía mi fobia a los jóvenes turistas israelíes y que tenía pavor de todo bicho viviente, incluidos los simpáticos coatíes. Pobres coatíes, con lo monos que son, aunque se dediquen a robar la comida a los turistas (peor son los turistas que me robaron los bocadillos de tortilla en el hostel).







A pesar de la presencia de coatíes, monos, iguanas, roedores gigantes, grupos de turistas y francesas criticando las tetas siliconadas de las argentinas, el animal más peligroso por ahí era un argentino medio nerd que intentaba patéticamente ligarse a una gringuita ofreciéndole pasarle las partes encharcadas a caballito. Luego la gringuita le dejó plantado plantadísimo e incluso se negó a darle su email, y el argentino pesado intentó ofrecerse de caballito a mí y a la kiwi.

El resto de la visita, pues aquí tenéis las imágenes:














































































































































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martes, 14 de diciembre de 2010

RUMBO A PARAGUAY: LEGALIZÁNDOME

"Solo voy con mi pena, sola va mi condena..." No, por suerte y gracias a mi pasaporte de europeíta, no voy sola por ahí ni con pena ni con mi condena. De todas formas, por si acaso se les ocurre aplicar el criterio de reciprocidad con España o empiezan a tratar a los gashegos como algunos tratan por aquí a paraguayos y bolivianos, decidí cruzar la frontera y recruzarla antes de que se me acabara el visado de turista.

Para renovar mi visa elegí Paraguay, país históricamente puteado y reputeado por sus vecinos argentinos, brasileros y uruguayos. Domingo Faustino Sarmiento, presidente argentino que ha dado nombre a muchas calles por estos lares, dijo en 1870, después de 5 años matando paraguayos: "Ya no queda ningún paraguayo mayor de 10 años. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana". En fin el mar...

Tres horitas en Paraguay me bastaron para que me pusieran el sello con 90 días más. Aunque a eso hay que sumarle unas cuantas horas más para cruzar el puente de 2,50km que separa Posadas de la ciudad paraguaya de Encarnación.















En la larga cola del control argentino una anciana se negaba a que la policía le dejara pasar antes, mientras su nieto le decía: "Pero vaya, ¡a ver qué le hace el gendarme, jeje!" Luego de cada control la gente corría, empujaba y pisaba para subir al bus, expecialmente los vejetes que no respetaban ni a los niños.

Aproveché también para visitar las ruinas de las misiones jesuíticas, donde fui atacada en la cabeza por un pajarraco paraguayo. Aún no sé si me dio con la pata o con el pico.



Lástima no tener tiempo para conocer más este país, que promete teniendo en cuenta las historias que me ha contado mi flatmate, que vivió un tiempo por ahí. Entre otras cosas que me ha explicado, parece ser que los coches robados en Argentina y Brasil son matriculados legalmente en Paraguay con una matrícula especial para coches robados. Lo más cómico es que en una reunión del Mercosur celebrada en Asunción fueron a recoger a los dignatarios con este tipo de autos.


lunes, 13 de diciembre de 2010

POSADAS: VACACIONES DE LAS VACACIONES

Escapando de mi "estresante" vida cordobesa y después de pelearme telefónicamente con el boludísimo jefe de la empresa de traducciones (un argentino que se cree italiano y que critica la cultura criolla), partí en dirección a Posadas, en la provincia de Misiones.

Cuánta razón tenía la Shegua en su publireportaje publicado en este blog sobre los buses argentinos: ¡qué lujo! Me dieron mantita y almohada, merienda, cena y desayuno (hasta ofrecían vino y champán), y además sólo dos de las tres películas que pusieron eran malas.

Así que, cansada pero alimentada, llegué a Posadas: otro mundo, otra Argentina. Tranquilidad, conductores civilizados y auténticos fanáticos del mate al más puro estilo uruguayo. Extraña ciudad, por otro lado, donde las casas bajas contrastan con los numerosos edificios en construcción, o en destrucción (no logré averigüarlo) y la gente tiene acento caribeño.

Sobre el hostel (gracias Irene por la recomendación) ¿qué puedo decir?: piscina, hamaca y vistas a Paraguay. Por supuesto, entre los huéspedes estaban los típicos anglosajones post-adolescentes de "that´s cool, that´s great", pero conseguí ignorarlos enfrascándome en un libro donde el autor explica cómo eyaculaba en su Fernet con Coca (el libro lo "tomé prestado" del hostel para regalárselo a Jaime).

Abajo, algunas fotitos, entre ellas las de las ruinas de las misiones de los jesuítas, donde los nativos les seguían la corriente a los curas para ser menos explotados y para huir de las incursiones lusófonas en busca de potenciales esclavos.

Mañana más: mi legalización y el peligroso viaje a tierras fronterizas con Lusofolandia.





















PEQUEÑO UPDATE PARA LOS IMPACIENTES

Para los lectores impacientes (es decir para la lectora impaciente May :P), una pequeña actualización de las frases de Marc y Èric:

"Si los curas creen en el purgatorio, cielo e infierno, ¿Por qué en las bodas dicen hasta que la muerte os separe? ¿es que no creen en una vida después de la muerte?" Èric

"Si esa chica rubia guapa llevara guantes, sería una pasada" Marc, que ya desde muy pequeño empezó a mostrar esta (un tanto inquietante) pasión por los guantes.